Del Cómo Comencé a Correr

Soy prematuro. Pues que un corredor comience a los 22 años es algo extraño, o más bien lo era en ese entonces. Recién saliendo de la universidad, con un sobrepeso evidente a causa de 5 años de piscola y asado, pero nunca dejando de hacer deporte, me llegó el momento de ponerme ciertos objetivos y bajar las revoluciones.

La verdad es que fue mi hermano quien me dijo, vamos a un trote. Lo combinamos con algunas pastillas para quemar grasas y los resultados fueron evidentes. En 5 meses había bajado unos 8 kilos, cambiado una serie de hábitos (no todos), y por supuesto me sentía muchísimo mejor. Justo cuando estaba disfrutando mi gran retorno a la exigencia, un accidente me dejó con los ligamentos cruzados de la rodilla derecha rotos. Operación  y seis meses de recuperación en kinesiólogo.

Puede sonar extraño, pero ese proceso (el de la operación) fue el que me enseñó a valorar mi cuerpo, cuidar los kilos de más, ordenar los entrenamientos, aprender a dosificar, optimizar el trabajo, etc, etc.  Porque un corredor que no tenga algo de vanidad en su cabeza, no tiene una parte importante de lo que esto lleva.

Me costó volver a correr, pero no fue tan terrible. En seis meses estaba de vuelta jugando fútbol firme y corriendo de a poco. Justo comenzaba a trabajar en el diario, por lo que no tenía tanto tiempo, pero me las arreglaba para correr en las mañanas. Mi objetivo era simplemente sentirme bien. Al igual que 15 años después: qué buena es la ducha después de correr!!

Y así estuve varios años, corriendo en las semanas y jugando fútbol lo fines de semana. En esa época no habían muchas carreras, por lo que los 10 k de Nike una vez al año me hacían feliz, no estaba para más.

El gran cambio vino cuando me compré un monitor cardíaco. El clásico Polar que vendían en los aviones. Mi hermano lo había comprado algunos meses antes y me lo recomendó: vas a pasar de correr 25 minutos a 45 con facilidad. Y fue tal cual. La medición de las pulsaciones me enseñó a correr de verdad. A dosificar y mantener un ritmo. En poco tiempo estaba corriendo una hora y comencé a sentirme bien de verdad, las duchas eran mucho mejores aún.

Comencé a enviciarme con el tema y aunque seguía jugando fútbol, fui perdiendo interés en la pelota rápidamente. Corría el año 2005 y me estaba transformando en un corredor. Se comenzaba a escribir una historia feliz, que hoy me tiene con 10 maratones en el cuerpo, muchísimas experiencias que contar y una meta ya definida: correr 42 maratones en mi vida. Me faltan 32.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *